Confesiones de un médico cubano que lucha contra la Covid19.

Por Ariel Pazos Ortiz, tomado de CubaSí.

Carlos Ricardo Pérez Díaz fue el doctor que estuvo al frente del grupo de 36 médicos, 15 enfermeros y un especialista enviados por Cuba a combatir al nuevo coronavirus a Lombardía, Italia, el pasado 21 de marzo. Esta brigada, perteneciente al contingente “Henry Reeve”, durante su estancia en esa región de Italia -país por entonces epicentro de la pandemia- realizó unas 5000 atenciones médicas, más de 3600 procederes de enfermería y logró más de 210 altas médicas, de acuerdo con datos divulgados al cierre de la misión.

Aunque el doctor Pérez Díaz ha participado en varias colaboraciones médicas de la Isla en el exterior, dirigir el grupo sanitario desplegado en Lombardía fue una vivencia extraordinaria.

¿Qué impacto ha tenido la colaboración médica internacional de Cuba durante la Covid-19?

Muchos países han solicitado la colaboración médica cubana, que ha sido siempre una ayuda solidaria. En estos momentos 46 brigadas han brindado su asistencia médica en 38 países. En diferentes lugares varias se han sumado a las ya existentes para la lucha contra la Covid-19. Ha sido significativa la ayuda que hemos podido brindar con nuestro modesto esfuerzo, salvando vidas y contribuyendo a que las poblaciones de estos lugares puedan tener una mejor atención médica.

¿Cómo podría resumir la participación médica cubana en Lombardía, Italia?

Lombardía fue una experiencia trascendental. Fuimos en los momentos más difíciles que estaba pasando el pueblo italiano, que era el centro de la pandemia en el mundo en ese momento. El personal de salud estaba prácticamente agotado; los servicios, colapsados por la gran cantidad de pacientes que acudían al unísono.

Llegar con una brigada fortalecida con varios especialistas y con la experiencia de combatir el ébola en África Occidental en el 2014 nos permitió intercambiar muchísimo en el orden científico y de los protocolos de bioseguridad. Cuando los profesionales de cualquier parte del mundo pueden compartir sus experiencias e intercambiar conocimiento científico la ganancia es neta.

Eso fue lo que pasó en Lombardía. Nos nutrió de una experiencia en los protocolos que se estaban ensayando en ese lugar, donde se había investigado por primera vez sobre las necropsias y las fisiopatologías de lo que estaba pasando con la enfermedad. Nos permitió enriquecer nuestro aval científico, nuestro pensamiento médico. Fue una ayuda mutua: adquisición de conocimiento y apoyo en la fuerza de trabajo en el terreno.

Todo este esfuerzo del sistema cubano de salud, a lo interno e internacionalmente, transcurre sin que el bloqueo estadounidense haya cedido siquiera un ápice. ¿Cuáles son sus efectos? ¿Cómo impacta el bloqueo en el desempeño de la labor médica de la Isla?

Sin dudas nos afecta muchísimo. En estos momentos pudiéramos tener acceso a tecnologías que se utilizan en el mundo entero: ventiladores pulmonares, circuitos cerrados de paciente, equipamiento que pudiéremos adquirir en cualquier lugar cercano a nuestro país… Pero el bloqueo y su recrudecimiento nos impiden el acceso a esa tecnología que, comprándola en países vecinos, sería mucho más barata.

Sin embargo, nuestro sistema se ha sobrepuesto. Nuestra biotecnología, nuestros científicos, han hecho un esfuerzo extraordinario para vencer esa hostilidad. Han creado, por ejemplo, medicamentos que son muy efectivos contra la Covid-19, como el CIGB-258 (Jusvinza), que en el protocolo cubano ha ayudado a muchos pacientes a superar, sobre todo, las etapas más avanzadas de la enfermedad; además de los interferones.

El ensayo clínico en humanos del candidato vacunal Soberana 01 es una esperanza para nuestro pueblo y la comunidad científica. Va a ser uno de los grandes impactos en esta lucha. Hubiera sido más fácil, sin duda alguna, sin el bloqueo. Pero el personal cubano se ha sobrepuesto, ha tratado de suplir estas carencias y de hacerlo lo mejor posible.

¿Qué mensaje envía a los profesionales del mundo que luchan contra la Covid-19?

Seamos más solidarios cada día. Veamos al ser humano como eso, como un ser humano, independientemente del lugar del mundo en que viva, la religión y la ideología que profese. Hacer el bien siempre en cualquier lugar donde estemos. Son los principios éticos que nos enseñaron durante nuestra formación. Eso lo tenemos que llevar a cualquier parte del mundo.

Publicado el 5 septiembre, 2020 en Cuba y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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