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La mentira como industria y estrategia en la era digital

Tecnología contra las fake news • The New Now

Por Juan Torres López, publicado en el Blog Ganas de Escribir

El enorme protagonismo que han tenido las mentiras en el mandato de Donald Trump (se le han contabilizado 30.573 en los cuatro años de presidencia) y su masiva circulación a través de las redes sociales pueden llevar a un error importante sobre su verdadera naturaleza, causas y propósitos.

Nos referimos a creer que las ahora llamadas fake news o posverdad son un fenómeno de nuestro tiempo, vinculado a un auge coyuntural de las posiciones políticas extremistas que antes o después desaparecerán, y algo derivado exclusivamente del uso de las nuevas plataformas digitales.

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Las redes sociales, nuevo medio dominante

“(…)aunque la revolución digital permitió una indiscutible democratización de la comunicación —objetivo que parecía absolutamente impensable— esa democratización provoca ahora una proliferación incontrolada y desordenada de los mensajes, así como ese ruido ensordecedor creado sobre todo por las redes sociales”. Ilustración: Brady Izquierdo

Por Ignacio Ramonet, publicado en  La Jiribilla

El Internet moderno, la Web, se inventó en 1989, hace treinta y dos años. O sea, estamos viviendo los primeros minutos de un fenómeno que llegó para quedarse durante siglos. Pensemos que la imprenta se inventó en 1440, y que tres décadas después casi no había modificado nada, pero acabó por trastornar el mundo: cambió la cultura, la política, la economía, la ciencia, la historia. Resulta evidente que muchos de los parámetros que conocemos están siendo modificados en profundidad, no tanto por la pandemia actual de Covid-19, sino, sobre todo, por la irrupción generalizada de los cambios tecnológicos y de las redes sociales. Además, no solamente en términos de comunicación —¿se está muriendo la verdad?—, sino también en las finanzas, el comercio, el transporte, el turismo, el conocimiento, la cultura… Todo ello sin olvidar los nuevos peligros en materia de vigilancia y de pérdida de privacidad.

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Campañas mediáticas contra Cuba y retos del presente.

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Por Yaser Toledo Garnache, publicado en Revista Cubarte.

Las fake news y campañas mediáticas contra Cuba se han incrementado durante los últimos años, pero no comenzaron hace poco, ni siquiera con el surgimiento de Internet y los autollamados sitios digitales independientes. A lo largo de la historia existen muchos ejemplos de tergiversaciones y mentiras contra los revolucionarios y las causas más nobles de este pueblo.

Hay algunos incluso del siglo XIX, cuando se trataban de descalificar los ideales de los iniciadores de la primera guerra por la independencia en el país liderados por hombres tremendos, como Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, cultivador de la poesía y amante de las artes en general. Muchas veces se trataron de justificar los propósitos de Estados Unidos hacia este archipiélago. Lee el resto de esta entrada

Contra la virulencia de los pixeles.

Por Patricia Pérez Pérez, publicado en La Pupila Insomne

La era de internet ha forjado una arena en constante evolución donde la ética, el civismo y los códigos universales del honor se enfrentan a los intereses más bajos de una masa informe, carente de principios y valores, que se disuelven en el plástico, la tóxica pixelización y el anonimato. Tratándose de la guerra mediática de Estados Unidos en contra de Cuba, cuyas estrategias se han modificado con las dos últimas administraciones de la Casa Blanca, cualquier bufón con turbante, pulsera y cascabel, sacado del hampa cervantina de Rinconete y Cortadillo, sienta bien para equilibrar o sustituir, según sea el caso, a los blogueros devenidos propietarios de medioslos malos artistas y los “laboratorios de ideas” sutilmente influenciados y hasta financiados por B. Obama, y sumar ahora, con título de marioneta pública a la continuidad de la farsa, la parada esperpéntica y el lenguaje soez de los embustes.

En publicaciones en Facebook o Twitter, transmitiendo en directo sus programas en YouTube o Telegram o produciendo sus podcasts, los nuevos influencers se ajustan a los intereses de los políticos estadounidenses y de la ultraderecha miamense, a la emigración cubana más violenta o los anexionistas confesos o disimulados, armando a diario, cual Retablo de las de maravillas, su campeonato de falsas noticias, de verdades manipuladas, elaboradas siempre con el constante desprestigio contra hombres y mujeres que defienden su patria con decoro.

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En defensa del auténtico periodismo.

Por Atilio Borón, tomado de Rebelión.

En la Argentina actual muchos periodistas de los grandes medios hegemónicos sienten que no sólo tienen el derecho de opinar, lo que es incuestionable, sino también de mentir u ocultar toda información que pueda exponer a la luz pública los negociados (e inclusive los delitos) de sus patrones.

 

Creen que la libertad de prensa, en su caso un escandaloso libertinaje, los faculta para desinformar deliberada e irresponsablemente a la población; lanzar campañas de terrorismo mediático contra quienes no comulgan con sus ideas e intereses; silenciar o difamar a sus contradictores; burlarse y escarnecer a los más altos funcionarios del gobierno nacional, comenzando por el propio presidente de la República y su investidura; a descargar un torrente interminable de «fake news» y a presentar las opiniones que les ordenan difundir los empresarios que contratan sus servicios como si fueran obra genuina de periodistas “independientes, objetivos y ecuánimes.”

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El malestar en la mentira.

Por Fernando Buen Abad, tomado de Rebelión.

Aunque algunos se esmeran en reducir la pandemia de falsedades (Fake News) al solo campo de los expertos en lo “comunicacional”, para que pontifiquen diagnósticos y pronósticos, la dimensión del problema ha escalado latitudes de gravedad inusitada. ¿Están haciéndonos adictos a lo falso? Informarse es un derecho transversal a múltiples derechos y responsabilidades. Incluye a la educación, a la democracia, a la justicia… a la política. La información y su relación con la verdad no pueden ser marionetas del circo mercantil mediático, servil a la manipulación ideológica de algunos gobiernos y empresarios oligarcas.

Es inaceptable, se lo mire desde donde se lo mire, y cada caso de falacias mediáticas constituye una agresión a la realidad, a sus protagonistas y a la historia de los pueblos. Al modo de conocer y al modo de enunciar la realidad. Nada menos.

En la praxis está la clave. Verdades o mentiras no deben presentarse como “opciones” antojadizas que se ofrecen en el “menú” cotidiano de las conveniencias manipuladoras. Eso es una obscenidad. Aunque la moral burguesa tenga, para sí, un repertorio amplio de justificaciones a la hora de mentirnos.

“El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”. Marx.

En las Fake News se establece claramente una fractura que corrompe el carácter objetivo y social de una verdad. Los comerciantes de falsedades pasan horas pergeñando qué estrategia del desfalco cognitivo es más funcional a sus intereses sin tener que someter sus Fake a la prueba de los hechos. Eso convierte al “consumidor de falacias en un glotón  de embutes disfuncional y sofisticado. Mientras tanto, la producción de mentiras genera relaciones de producción que, para sostenerse, requiere de extinguir la verdad objetiva. Sitúa a los grupos sociales como animales de noria -como si fuese su destino- para motorizar el saber de lo falso. Desfigura las verdades objetivas y la práctica colectiva que las sustenta. Lee el resto de esta entrada

Nostradamus y la COVID-19

 

Por Elsa Claro, publicado en Cubadebate

En estos días circula, sobre todo entre los jóvenes, tan activos en las redes, el supuesto vaticinio de Nostradamus afirmando que predijo la actual epidemia y hasta los sitios específicos (surgimiento en China) epicentro secundario (Italia), entre detalles que tratan de hacerlo verosímil, incluyendo una debacle económica mundial.

Los medios y flujos de interacción personal de este momento son de tal magnitud e importancia que cuesta trabajo, tampoco sería exacto, calificarlos de nocivos. Pero pueden serlo. Al menos en manos de alarmistas e irresponsables. Cuando la COVID-19 tiene en suspenso al mundo, pareciera irracional que haya personas dedicadas a propalar falsedades por ¿entretenimiento?, ¿burla?,¿necesitad de sobresalir?

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