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Colombia: nuevo informe revela que más de 6.400 civiles fueron asesinados por el Ejército como “falsos positivos” en el gobierno de Uribe

En Antioquia, según las indagaciones de la JEP, la IV Brigada sería responsable del 73 % de los casos. FOTO: COLPRENSA.

En seis territorios del país se concentrará la primera fase de investigación del Caso 03: Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes de Estado’ o falsos positivos.

Así lo dio a conocer, a través del Auto 033 de 2021, la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad al presentar ante los sujetos procesales, intervinientes especiales, víctimas acreditadas ante la JEP y a la sociedad en general, cómo se aplicaron los criterios de priorización en ese proceso judicial.

Antioquia, Costa Caribe, Norte de Santander, Huila, Casanare y Meta son las regiones priorizadas. Esta decisión se tomó tras un proceso de contrastación de información que, entre otras cosas, incluyó cuatro bases de datos que permitieron a la Jurisdicción determinar la dimensión del fenómeno. Lee el resto de esta entrada

La memoria contra el terrorismo

 

Este 9 de Agosto es un día especialísimo. Se cumplen 75 años de un enorme atentado terrorista. No fue el mayor de la historia, que se perpetró unos pocos días antes, el 6 de Agosto, en Hiroshima. El ataque con una bomba atómica a la ciudad de Nagasaki tiene algo más que el triste mérito de ser el segundo peor de la historia. Según estimaciones conservadoras unas 80.000 personas perdieron la vida en una fracción de segundo. Con el correr de los años fueron varias decenas de miles más los que murieron a causa de las heridas, los efectos de la radiación, el cáncer. En total, por lo menos 250.000 personas fueron aniquiladas en un instante. Hiroshima es el lúgubre hito que marca el inicio de una nueva era en la historia de la humanidad, que encontró un arma que le permite suicidarse y desaparecer como especie. Nagasaki refleja la contumacia del imperialismo norteamericano, su empecinamiento en hacer el mal y descargar los más horrendos sufrimientos sobre quienes tengan el atrevimiento de oponerse a sus designios. Conocidos los tremendos efectos de la primera bomba la dirigencia de Estados Unidos no vaciló en reincidir en su conducta criminal y arrojó una segunda sobre Nagasaki. Es el caso del terrorista que, en la apoteosis de su crueldad, se enorgullece y solaza contemplando como su víctima se retuerce de dolor.

Como lo enseña la heroica historia de las madres de Plaza de Mayo, las Abuelas y los diversos organismos de Derechos Humanos de la Argentina no puede haber ni olvido ni perdón para el Terrorismo de Estado. Especialmente cuando quien incurre en ese crimen nada menos que le primera superpotencia del planeta que, además, se arroga el derecho de juzgar a personas, partidos, movimientos sociales y gobiernos extranjeros y de pretender dar lecciones de derechos humanos, justicia, libertad y democracia al resto del planeta. El gobierno y la clase dominante de Estados Unidos, acompañados por una academia y una intelectualidad complacientes y por medios de comunicación cómplices de cuanta fechoría perpetre Washington en el mundo se empeñaron desde el mismo momento del ataque a Hiroshima en justificar lo injustificable. La complicidad de los grandes medios de comunicación con las atrocidades de la dictadura genocida en la Argentina tiene un funesto antecedente en la forma como nada menos que el New York Times mintió sobre lo ocurrido en las ciudades japonesas. Su enviado a la zona, William L. Laurence despachó un infame artículo (publicado el 13.9.1945) en el cual aseguraba que “no había rastros de radioactividad en las ruinas de Hiroshima.” Su nota tuvo enorme repercusión y poco después le abrió las puertas para obtener el Premio Pulitzer.

No sorprende que recién en 2016 un presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hubiera decidido visitar Hiroshima. Pero se trató de un acto protocolar en donde las palabras más importante que tenía que pronunciar: perdón, disculpas, no salieron de su boca. Y esto no fue una distracción sino que obedece a una decisión adoptada por la Casa Blanca y el Congreso desde el momento mismo en que se cometieron las atrocidades de 1945. Estados Unidos jamás pediría perdón por sus actos, por ninguno, y no sólo por un bombardeo atómico. Sin llegar al extremo de lo ocurrido en Japón el gobierno de Estados Unidos tampoco pidió perdón por la destrucción de Irak y Libia en tiempos recientes, o por su responsabilidad en las tragedias ocurridas en Siria, Afganistán y Palestina; o por los efectos de su política genocida de sesenta años de bloqueo a Cuba, más los bloqueos y sanciones económicas actuales en contra de Venezuela, Irán y Corea del Norte, para no olvidarnos la responsabilidad directa de Washington en el golpe de estado que acabó con la democracia en Chile y la vida de Salvador Allende.

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Colombia: La otra pandemia: el asesinato de líderes sociales.

Por Carlos Medina Gallego, tomado de Razón Pública, Colombia.

Virus y violencias

El pasado 27 de junio, miembros del Ejército Nacional asesinaron a Salvador Durán, de 22 años, en zona rural de Teorama, Norte de Santander.

Según un comunicado del Ejército, la muerte de Durán habría tenido lugar durante un “intercambio de disparos”. Sin embargo, la comunidad aduce que se trató de una ejecución extrajudicial y que existen testigos que habrían visto a militares huyendo del lugar después de haber disparado. Algunos han afirmado, además, que Durán era un líder comunitario.

Lamentablemente, este tipo de hechos se han vuelto casi parte del paisaje. Aun en medio de la pandemia y de la tragedia humanitaria que ha traído para Colombia y la región, los actores armados siguen asesinando.

Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) y las organizaciones Marcha Patriótica y Cumbre Agraria, en lo corrido de 2020 han sido asesinados 166 líderes sociales o defensores de derechos humanos y 36 excombatientes de las FARC que suscribieron el Acuerdo de Paz. Estas organizaciones también señalan que la violencia se ha recrudecido durante la pandemia, pues solo entre el 6 de marzo y el 15 de julio han sido asesinados 95 líderes.

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Crímenes de guerra de EE.UU.: Hiroshima y Nagasaki.

Un superviviente nipón observa los restos de un edificio en el centro de Hiroshima, ciudad japonesa que fue objeto de un bombardeo atómico de EE.UU., 6 de agosto de 1945.

Los innumerables casos de crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en sus casi 250 años de historia no le han supuesto ninguna responsabilidad penal a este país que alardea siempre de abanderar la defensa de los derechos humanos en el mundo.

A partir de hoy difundiremos algunos e esos crímenes de guerra, que hasta el día de hoy, no han llevado a EE.UU. al banquillo de los acusados.

El bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki

El bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki se considera uno de los mayores crímenes históricos de EE.UU. que causó la muerte inmediata de 220 000 personas. Cientos de miles más se enfermaron en los años siguientes enfrentando durísimas secuelas debido a los efectos del envenenamiento por radiación. Desde entonces, han fallecido más personas por distintos casos de cánceres provocados por la exposición a la radiación liberada por las bombas. Lee el resto de esta entrada

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