Menores necesitan apoyo psicológico tras padecer COVID-19

Menores necesitan apoyo psicológico tras padecer COVID-19

Por Laydis Milanés, publicado en Cubahora

La COVID-19 no solo ha impactado en la salud física de las personas, sino también en la psicológica. El aislamiento, pérdida de seres queridos, convivencia familiar prolongada, la convalecencia en un estado grave o crítico son algunas de las causas que afectan el bienestar mental.

Es por ello que desde los inicios de la pandemia dentro del protocolo de tratamiento se toma en cuenta el aspecto psicológico para la población y pacientes, pero también para el personal médico, sometido a estrés y largas horas de trabajo. Esto se gestiona a través de programas de prevención en salud mental y apoyo psicológico ante la pandemia por la COVID-19, coordinados por el Departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública.

Alternativas como la línea de ayuda y grupos de WhatsApp se han utilizado para hacer llegar el apoyo a los afectados. Pero, no solo los adultos sufren de estos males. Los niños, aunque a veces no comprendan del todo la situación, también pueden ver alterado su comportamiento al cambiar su vida cotidiana.

Por ejemplo, en un estudio para evaluar las secuelas en la salud mental en menores de edad tras padecer la COVID-19 se determinó que entre 1 289 pacientes estudiados, alrededor del 32% presentó conductas como el sobreconsumo de tecnologías, exceso de apego, irritabilidad, miedos y pesadillas; y en otro 14,1% aparecieron sicopatologías como la depresión y pánicos.

Recientemente se publicó otra investigación similar, esta vez una evaluación psicológica de menores que tuvieron la enfermedad. Colaboraron en este el MINSAP y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Cuba), la Universidad de La Habana (UH) y la oficina de UNICEF-Cuba.

A la caracterización del bienestar psicológico se dedicó específicamente un equipo de investigadores la Facultad de Psicología de la UH.  Con ese objetivo se tomó una muestra de 44 niños y adolescentes de La Habana, convalecientes de la enfermedad. De ellos un 43.2 % del sexo femenino y un 56.8 % del masculino.

En el informe de los resultados preliminares se declaró que como es habitual en el estudio de menores de edad se efectuó una triangulación entre la información proveniente de las fuentes directas (el propio niño o adolescente) y de las fuentes indirectas (el cuidador principal).

Se hizo un análisis tanto cuantitativo como cualitativo. Este arrojó la preocupación de los infantes de que sus familias mantengan buena salud, el temor a la enfermedad y a los procedimientos médicos y el anhelo que la COVID se termine. De hecho, esto aparece por encima de la necesidad de juego, diversión y socialización, normalmente de gran valor en los niños y adolescentes, por lo que refuerza el impacto psicológico del nuevo coronavirus, señala el estudio.

Integración de la técnica “tres deseos, tres miedos, tres molestias”

COVID-19  (22)
 
Conflictos relacionales y maltratos (15)
 
Apego, unidad y bienestar familiar (7)
 
Necesidad de juego y socialización (7)
 
Miedos irracionales (2)
 
Bullying por COVID-19 (1)
 

Otros hallazgos mediante técnicas psicográficas estuvieron relacionados con procesos emocionales con énfasis en el impacto de la enfermedad, socialización y esfera familiar. Se observó como aspecto positivo que el 96.6 % de los 29 niños a los que se aplicó la técnica muestran una línea de pensamiento organizada, donde la afectación emocional no llega a desordenar los procesos cognitivos; lo que expresa una buena potencialidad para el proceso de recuperación.

Como tendencia apareció un predominio de emociones negativas, como la ansiedad y la agresividad. En el caso del tema de la COVID-19 en casi la mitad de los niños estudiados se asocia con contenidos negativos y rememoración de vivencias personales asociadas a la hospitalización.

Específicamente en el caso de los adolescentes se observó el temor a ser rechazados por los amigos por evitación al contagio, o la agudización de padecimientos anteriores a la enfermedad, lo que según el informe justifica completamente el sobreapego, la tristeza, inhibición y falta de acometividad de estos menores.

Presencia de dificultades en las esferas personal, social y familiar, expresadas en las composiciones

Dificultades familiares (81,3%)

Dificultades sociales (93,8%)
 
Dificultades personales (50%)
 
 
Los expertos concluyen que dentro del grupo estudiado son los adolescentes los más impactados, ya que por la edad tienen una mayor conciencia de la enfermedad y del riesgo afrontado.
 
Rango de edad             No presentan                   afectación emocional leve           Moderada             Severa
 
1 a 3 años                           37,5%                                       23,1%                                    0                       0,09%
 
4 a 5 años                           12,5%                                       15,4%                                  5,6%                     0
 
6 a 8 años                            0                                              30,8%                                16,7%                     0
 
9 a 11 años                          50%                                         15,4%                                 16,7%                    0
 
12 a 18 años                         0                                              15,4%                                 61,4%                   100%
 
 

Sin embargo, el estudio señala que a pesar del impacto emocional, ningún menor llega a desorganizarse a nivel de procesos cognitivos. Además, dos de ellos tuvieron pérdidas de familiares cercarnos y están en duelo psicológico y un tercero en ese momento tenía a la madre en malas condiciones físicas, lo que contribuye a un alto nivel de afectación emocional.

EL PAPEL DE LOS CUIDADORES A CARGO DE NIÑOS Y ADOLESCENTES

Un problema importante dentro de los hallazgos de la investigación es la falta de conciencia en los padres de que sus hijos necesiten apoyo psicológico. Es por ello que al ser entrevistados sobre estos los malestares que señalaron no correspondieron con los evaluados. El 60 % de las cuidadoras (madres en la mayoría), no parecen tener conciencia del impacto psicológico que ha dejado la COVID en los menores, refiere el informe.

Por último, cabe destacar que se concluyó que las afectaciones de la esfera emocional no llegan a afectar el pensamiento ni desorganizan la estructura de la personalidad en formación. Sin embargo, se recomienda el apoyo y acompañamiento en el proceso de recuperación para los menores y sus familias. La conciencia de esa necesidad es fundamental para el bienestar de niños y adolescentes.  

Publicado el 20 abril, 2021 en Cuba, Salud y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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