Confluencias perversas y víctimas de otra “pandemia” en Estados Unidos, el racismo. El caso de George Floyd.

Por Deny Extremera San Martín, tomado de Cubadebate.

El caso de George Floyd no ingresa en la base de datos del Post, pero su muerte –poniendo a un lado términos legales– es el vil asesinato, ensañamiento incluido, de un hombre esposado en el piso, que estaba desarmado y en ningún momento se resistió al arresto, que repitió “no puedo respirar” sin que ello detuviera a Derek Chauvin –el policía que aplastó su cuello con una rodilla y todo el peso de su cuerpo por casi nueve minutos (con 18 quejas presentadas en su contra al Departamento de Asuntos Internos de la Policía de Minneapolis a lo largo de su carrera)–, ni provocara una reacción humanitaria, o al menos profesional, en los demás agentes en la escena.

Inicialmente, la policía declaró que Floyd se resistió al arresto y fue entonces que mostró señales de distrés médico, pero se hizo viral en las redes sociales un video de los hechos y ya no pudo ser ocultada la verdad. Ocurrió hace poco mas de un mes.

Aún se debate si era o no falso el billete con que Floyd pagó cigarrillos en esa tienda de Minneapolis el pasado 25 de mayo. Al analizar el caso y retomar los hechos, la prensa sigue usando el término “presuntamente”. Floyd era regular del establecimiento y es poco probable que supiera que el billete era falso, dado que, al llegar la policía, estaba en un auto a pocos metros de la tienda. Aun siendo falso el billete y aun sabiéndolo Floyd, “el arresto policial no puede ser una sentencia de muerte”, han dicho manifestantes y expertos en las últimas semanas.

Poco antes de que en Ferguson fuera baleado Brown, en Staten Island, Nueva York, Eric Garner (43 años, asmático, seis hijos) murió en julio de 2014 como Floyd, rogando por su vida y con la frase “No puedo respirar” en su boca. Garner la dijo 11 veces, sin que ello detuviera tampoco a los cinco policías que se le lanzaron encima (por sospechas de que vendía loosies, cigarros sueltos, sin licencia), uno de ellos prendido a su cuello hasta asfixiarlo.

En un video tomado por un amigo de Garner –también compartido en redes sociales–, se ve a este discutir con los agentes y, en cuestión de segundos, ser inmovilizado por ellos. Garner discutió con los agentes pero no se resistió al arresto, no tuvo siquiera tiempo de hacerlo.

Tras una larga investigación, cinco años después, en agosto de 2019, Daniel Pantaleo, el agente que provocó la muerte de Garner, fue despedido de la policía, que solo mucho después del hecho, en 2018, había iniciado un proceso administrativo interno contra él. Pantaleo siguió asignado a trabajo de oficina con un salario que en 2017, según USA Today citando nóminas de pago de la ciudad, ascendió a 120 000 dólares.

Semanas antes, el Departamento de Justicia había informado que no presentaría cargos contra el oficial por violación de los derechos civiles, por falta de pruebas. Antes, en diciembre de 2014, un gran jurado de Staten Island declinó presentar cargos criminales, lo cual generó fuertes protestas. Ninguno de los 10 policías restantes que participaron en el arresto fue objeto de medida alguna.

Al hacer el anuncio, el comisionado de la policía neoyorquina, James O’Neill, afirmó que “está claro que Daniel Pantaleo no puede servir más como un oficial de policía de Nueva York” y, además de confesar que fue una decisión “angustiosa”, dijo que Garner “no debió haber resistido al arresto” (aun cuando en el video solo se le ve discutir y luego caer al piso bajo la fuerza y el peso de cinco policías) y que, “de estar en la situación de Pantaleo, yo hubiera podido cometer similares errores”.

Aun cuando la autopsia de la Oficina del Médico Forense de Nueva York determinó que la muerte de Garner fue un homicidio (la presión sobre su pecho y el agarre en su cuello provocaron la asfixia que llevó a su deceso), aun cuando Pantaleo usó una llave de agarre en el cuello prohibida hace más de dos décadas por la policía (todo apreciable en las imágenes de video, en las que además se ve una rodilla sobre su espalda y un policía presionando su cabeza contra el piso con todo el peso del cuerpo), la acción del oficial califica como “error” para el comisionado O’Neill; un fiscal de Brooklyn dijo que el video y otras evidencias “no establecieron más allá de la duda razonable que el oficial actuara deliberadamente en violación de la ley federal”, y la subcomisaria del Departamento de Policía, Rosemarie Maldonado, encargada de supervisar los juicios administrativos contra los agentes, quien recomendó el despido, dijo no estar “persuadida” de que el agarre al cuello “fuese intencional”.

Entre otros, el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, declaró que “se ha hecho justicia”, que fue un proceso administrativo “justo e imparcial” y que es “el principio para restaurar la fe de la gente” en las autoridades.

Según datos del Institute For Criminal Justice Training Reform (ICJTR), con base en California, como promedio los departamentos de policía del país exigen a los nuevos oficiales 672 horas de entrenamiento básico, “muchas menos que las establecidas para convertirse en plomero o barbero”. Las cifras varían, desde 1 000 horas en Minnesota, Alaska o Washington DC hasta unas 480 en Tennessee, Carolina del Sur y Nevada. ICJTR halló que, incluso, 36 estados permiten a los oficiales comenzar a trabajar antes de asistir a entrenamiento básico”.

Hace unos años, un informe del Departamento de Justicia revelaba que durante el entrenamiento, como promedio, las academias locales y estatales dedicaban 110 horas a habilidades con armas de fuego y técnicas de defensa personal; en contraste, a estrategias de vigilancia policial en comunidades se destinaban ocho horas, el mismo tiempo que a mediación y manejo de conflictos.

“Los policías requieren en Noruega tres años de entrenamiento (cuatro civiles muertos desde 2002); dos años en Finlandia (siete civiles muertos desde 2000); dos años en Islandia (un civil muerto en la historia del cuerpo policial); 21 semanas en la mayoría de academias y departamentos policiales de Estados Unidos (más de 8 000 civiles muertos desde 2001”. (PolitiFact, 2020)

Publicado el 1 julio, 2020 en EE.UU, racismo, Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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