Hoy recordamos el asesinato del padre jesuita Rutilio Grande

Por Brenda Murillo

Un día como hoy pero de 1977 fue asesinado, cuando se dirigía a la comunidad de El Paisnal, el párroco de Aguilares en El Salvador, padre jesuita Rutilio Grande. Fue ultimado  junto con otros dos salvadoreños, Manuel Solorzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16 — manejaba el jeep otorgado por el arzobispado sobre la carretera que comunica el Municipio de Aguilares con el Municipio de El Paisnal, ya que partía de aquella parroquia para celebrar la misa vespertina de la novena de San José, cuando los tres quedaron emboscados y murieron ametrallados por los llamados escuadrones de la muerte.​

Desde 1972 se había convertido en párroco de esa comunidad, la misma parroquia donde había pasado su niñez y juventud. Allí fue uno de los jesuitas responsables de establecer las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y de entrenar a los líderes, llamados “Delegados de la Palabra”.​ Este movimiento de organización campesina encontró oposición entre los terratenientes, que lo veían como una amenaza a su poder, y también entre sacerdotes conservadores quienes temían que la Iglesia católica llegara a ser controlada por fuerzas políticas izquierdistas.

Grande también desafió al gobierno por su respuesta a acciones que le parecieron destinadas para perseguir a los sacerdotes salvadoreños hasta silenciarlos. El sacerdote colombiano Mario Bernal Londoño, que servía en El Salvador, había sido secuestrado el 28 de enero de 1977 frente al templo de Apopa cerca de San Salvador — supuestamente por elementos guerrilleros — junto con un miembro de la parroquia, que pudo salir con vida.​ Posteriormente el padre Bernal fue expulsado del país por el gobierno. El 13 de febrero de 1977, Grande predicó un sermón que llegó a ser llamado su “sermón de Apopa”, denunciando la expulsión del padre Bernal por el gobierno (denuncia que la misma OEA indicó que pudiera haber provocado su asesinato). En esa ocasión pronunció las siguientes palabras:

Queridos hermanos y amigos, me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Solo nos llegarán las cubiertas, ya que todas las páginas son subversivas—contra el pecado, se entiende. De manera que si Jesús cruza la frontera cerca de Chalatenango, no lo dejarán entrar. Le acusarían al Hombre-Dios… de agitador, de forastero judío, que confunde al pueblo con ideas exóticas y foráneas, ideas contra la democracia, esto es, contra las minoría. Ideas contra Dios, porque es un clan de Caínes. Hermanos, no hay duda que lo volverían a crucificar. Y lo han proclamado.

Al saber de los asesinatos, el monseñor Óscar Arnulfo Romero fue al templo donde reposaban los tres cuerpos y celebró la misa. En la mañana del día siguiente, después de reunirse con los sacerdotes y consejeros, Romero anunció que no asistiría a ninguna ocasión gubernamental ni a ninguna junta con el presidente — siendo ambas actividades tradicionales del puesto — hasta que la muerte se investigara. Ya que nunca se condujo ninguna investigación nacional, resultó que Romero no asistió a ninguna ceremonia de Estado, en absoluto, durante sus tres años como arzobispo.

El domingo siguiente, para protestar por los asesinatos de Grande y sus compañeros, el recién instalado monseñor Romero canceló las misas en toda las arquidiócesis, para sustituirlas por una sola misa en la catedral de San Salvador. Oficiales de la iglesia criticaron la decisión, pero más de 150 sacerdotes concelebraron la misa y más de 100.000 personas acudieron a la catedral para escuchar el discurso de Romero, quien pidió el fin de la violencia.

Sin dudas, la muerte del padre Rutilio inspiró al monseñor Romero y consolidó su compromiso con los pobres y en contra de la violencia de estado que caracterizaba a El Salvador.

En marzo de 2015, el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, anunció que se abriría una investigación sobre la vida del padre Rutilio Grande en aras de formar una causa de beatificación. Rutilio Grande corresponde así al tercer proceso de beatificación abierto por la arquidiócesis  de San Salvador, junto al de Óscar Arnulfo Romero, y al de la madre Clara Quirós.​ El 21 de febrero de 2020, el Santo Padre, Francisco, autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar el decreto del martirio del sacerdote jesuita Rutilio Grande y de sus dos compañeros  laicos, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus.​ Atcualmente se espera una fecha y lugar para llevar a cabo la beatificación.

Hoy se cumplen 43 años de su muerte y los feligreses recuerdan el hecho en peregrinación. El crimen de este padre estuvo asociado a que se atrevió a alzar la voz en defensa de las familias más pobres y atropelladas por la dictadura del presidente de turno, Arturo Armando Molina Barraza. La necesidad de dar continuidad a su lucha por la paz y la justicia social sigue vigente en pueblo salvadoreño.

Publicado el 12 marzo, 2020 en El Salvador, Religion y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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