Olor a Golpe en el aire

Por Frei Betto, tomado de Granma

El ministro del Gabinete de Seguridad Institucional (GSI), Augusto Heleno, sugirió el 19 de febrero que el pueblo debería salir a la calle a protestar «contra el chantaje del Congreso». Bastó ese guiño autoritario para que los aliados del Presidente convocaran a una manifestación para el domingo 15 de marzo.

La convocatoria de una autoridad del Poder Ejecutivo a manifestarse contra otro poder de la República, en este caso el Legislativo, es un hecho gravísimo, y apunta a una conspiración golpista o, sin más, al cierre del Congreso. Ojalá que el Poder Judicial, representado por el Tribunal Supremo Federal (STF), prohíba esa manifestación, porque en caso contrario corre el riesgo de suscribir el cierre de sus propias puertas.

La protesta a favor del gobierno está marcada para la misma fecha en que hace cinco años se produjo la mayor de las manifestaciones a favor del juicio político de la presidenta Dilma Rousseff.

Fue con una escalada de manifestaciones previas, como la Marcha con Dios y la Familia por la Libertad, que los militares prepararon el golpe de 1964 que derribó a João Goulart, el presidente constitucional democráticamente electo.

El sueño de todo político con vocación de caudillo o dictador, refractario al régimen democrático, es gobernar mediante la supresión de todos los canales institucionales entre él y el pueblo. Un canal directo, sin intermediación de los poderes Legislativo y Judicial, facilitado hoy por las redes digitales.

Autoconvencido de que solo él sabe discernir lo que le conviene o no a la nación, el autócrata desprecia el sistema partidario, trata a los políticos como a sus sirvientes y se relaciona con la Constitución como el terrorista islámico con el Corán. Oye, pero no escucha; habla, pero no dialoga; actúa, pero no reflexiona. Su propensión absolutista se ve facilitada hoy por las redes digitales, mediante las cuales hace llegar a la población su voluntad y sus decisiones.

Ante un pueblo despolitizado, desprovisto de conciencia crítica, el déspota emite sus opiniones como si fueran leyes. Sus adeptos, movidos por un sentimiento de «servidumbre voluntaria», según la expresión de La Boétie, lo erigen a la condición de «mito», de paradigma, de referente por encima de toda sospecha o juicio.

El caudillo sabe que sin apoyo popular, su futuro político corre el peligro de convertirse en mero sueño. Para evitarlo, recurre al recurso de armar manos y espíritus. Aprueba el porte y la posesión de armas, y siembra en el corazón y la mente de sus adeptos el odio mortal a sus enemigos reales o imaginarios. Esa segunda medida se torna efectiva mediante la descontextualización política, como si poco importaran la coyuntura, los principios constitucionales y el consenso entre sus pares.

Dotado de una intuición impetuosa y una agresividad desbordada, el autócrata fragmenta su discurso, adopta un vocabulario grosero, desdeña la coherencia, cambia lo grande por lo pequeño, el bosque por los árboles, y crea un dios a su imagen y semejanza. No tiene más propuesta o programa que no sea perpetuarse en el poder y transformar su voluntad en ley. Por eso, sus medidas provisorias tienen el peso de medidas definitivas.

¿Dónde están los partidos de oposición, las centrales sindicales, los movimientos populares? Si el desempleo afecta a más de 11 000 000 de personas, la economía retrocede, la salud y la educación están reducidas a chatarra y 165 000 000 de brasileños sobreviven con ingresos mensuales inferiores a dos salarios mínimos, ¿cuál es la razón de semejante inercia de quienes deberían manifestar su indignación ante este gobierno?

Conviene tener en mente el poema de Eduardo Alves da Costa, erróneamente atribuido a Maiakovski: «La primera noche se acercan y roban una flor de nuestro jardín. / Y no decimos nada. / La segunda noche ya no se esconden: pisotean las flores, nos matan al perro, y no decimos nada. / Hasta que un día, el más enclenque de ellos entra solo en nuestra casa, nos roba la luz y, conociendo nuestro miedo, nos arranca la voz de la garganta. / Y ya no podemos decir nada».

Publicado el 3 marzo, 2020 en América Latina y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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