Elpidio Valdés: un mambí que no pasa de moda

 

 

La campiña insurrecta está en silencio y aparente calma. Una columna de panchos avanza formada en un cuadro compacto. A toda voz la autoridad de la orden del general interrumpe la tranquilidad: “Corneta, toque usted a degüello”. Las tonadas de Pepito despiertan los machetes que descansan en las fundas de cuero. De la nada, cientos de mambises aparecen de los montes y arbustos más cercanos, dispuestos a cargar contra los soldados españoles bien armados.

El General Resoplez maldice: “Ostras”, mientras el andaluz se resguarda ante el desastre inminente: “Josuuu” y Cotico completamente embriagado le ofrece a Media Cara un sorbo de su caneca con aguardiente: “Tócate”. En la primera línea de los mambises avanza junto a su inseparable compañero Palmiche el coronel del Ejército LibertadorElpidio Valdés. Durante cinco décadas estas imágenes son un símbolo recurrente en todas las generaciones que han seguido de cerca las aventuras de Elpidio Valdés y sus amigos.

¿Cuántos no asocian algún recuerdo de la infancia cuando toda la familia se reunía en torno al televisor para divertirse con las ocurrencias de estos animados? La existencia de Elpidio ha impregnado los imaginarios colectivos de cientos de cubanos que han encontrado en el joven y carismático campesino un personaje con el cual identificarse. La figura del patriota que se incorpora a las filas del Ejército Libertador una vez reiniciadas las Guerras de Independencia sintetiza las mejores tradiciones de la lucha histórica de nuestro pueblo, que lo condujo a fundar una nación en medio de las vicisitudes de un campamento en medio de la manigua.

Elpidio Valdés nació como resultado de un momento donde se le concedió mucha importancia a las raíces mambisas en el sentimiento de nacionalidad, con motivo de la celebración del Centenario del Inicio de las Luchas de Independencia en 1968. Poco más de un año después de esta conmemoración aparecieron en las planas de la revista Pionero los primeros números de las historietas de Elpidio Valdés, tal y como lo conocemos. Desde entonces, historietas, libros, cortos y largometrajes animados y productos comerciales han usado el personaje y ensanchado el entorno cultural que representa Elpidio Valdés.

Su creador, el dibujante Juan Padrón, resaltó recientemente en una conferencia de prensa la profunda investigación histórica necesaria para complementar su obra. Para él “dibujar a Elpidio es una responsabilidad inmensa y de respeto al público. Debido a todo lo que representa para las personas que lo consumen, estas logran percibir detalles que pasan desapercibidos para los profesionales”. No obstante, el conjunto se nutre constantemente de las subjetividades e interpretaciones de Padrón, quien deja su huella en un proceso que califica como “vinculante y divertido”.

Por otra parte, no se puede considerar como un mero constructo de las industrias culturales que buscaban suplantar valores que en cierto contexto histórico resultaban ajenos a nuestro país. En su concepción está la búsqueda de identidades enraizadas en la sociedad y que atraviesan generaciones desde un concepto unificador y popular. La mejor prueba de ello la encontramos en la apropiación que el cubano de a pie hace de sus mensajes, expresados en las frases icónicas que han ensanchado el habla cotidiana e, incluso, los más devotos imitan el tono de voz con que fueron pronunciadas aquellas líneas que terminaron recogiendo realidades y aspiraciones del común, desde el recurso nunca gastado de la simpatía.

Una realidad tan cruda como la de la guerra asume un significado distinto en las historietas de Elpidio. Padrón se nutre del genuino humor cubano hasta desplazar por completo los tintes dramáticos de la contienda. Los personajes constituyen arquetipos de cubanía que ridiculizan patrones establecidos por la dominación española en un intento de reafirmar su nacionalidad y el sentido de la otredad que diferencia al criollo del peninsular.

La impronta del personaje es tal que se transforma en una ficción muy real entre los niños que lo mencionan cuando les preguntan sobre patriotas de la gesta libertaria. En él existe una palpable intención de homenaje al héroe anónimo, ese que no descansa en un monumento vistosamente ornamentado, y se puede hablar incluso de un rescate reivindicador de las memorias colectivas de un pasado que se ganó ser incluido entre las páginas de gloria a fuerza de sangre y valor.

A cincuenta años del inicio de la travesía queda claro que aún queda mucho machete por dar todavía. De vuelta a la pantalla, la escaramuza ha terminado. Los ripios de lo que una vez fueron las suntuosas vestimentas del general Resoplez se estremecen mientras amenaza de muerte al pillo, manigüero, mambí en la próxima aventura. Antes de perderse en el horizonte, Elpidio detiene el trote de Palmiche, se vuelve hacia las mermadas huestes españolas y siempre risueño contesta: “Eso habría que verlo compay”.

Tomado de Cubahora

Publicado el 1 marzo, 2020 en Cuba, Cultura y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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