¿Se puede tener miedo a las casas?

El miedo irracional a las casas se denomina domatofobia. Se trata de un temor limitante que impide a quienes lo padecen quedarse a solas dentro de un edificio o incluso simplemente entrar en él. No se debe confundir con la aprensión por los espacios cerrados –que se llama claustrofobia–, ya que los que sufren domatofobia temen a la casa en cuanto a ente, no a sentirse encerrados en determinadas estancias de tamaño reducido. Es un tipo de pánico o fobia del que se habla muy poco, aunque desde sus inicios la literatura de terror, como La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe, y muchos relatos de Lovecraft, se ha ocupado de este inquietante desasosiego ante ciertos edificios. Podemos suponer que es un temor que sigue presente, porque muchas películas recientes del género se ocupan del tema. Entre ellas se pueden citar Expediente Warren: The Conjuring o It follows. Como en la mayoría de las fobias, la causa más común es doble. Se empieza por sentir desasosiego en alguna etapa de la vida y luego se asocia esa ansiedad a una determinada vivienda. Después, en una segunda fase, el afectado empieza a evitar las casas en general, y eso hace que cada vez les tenga más miedo. En pocas ocasiones la domatofobia viene de una experiencia traumática puntual.

Pero la domatofobia no es el único tipo de trastorno psicológico relacionado con las casas. También está la llamada oicofobia, que es el miedo irracional y enfermizo a lo hogareño y a todo lo que tiene que ver con el hogar. Otro miedo «arquitectónico» muy extraño es la nostofobia, que es el pánico irracional y enfermizo a regresar a casa.

En el lado opuesto se encuentra el miedo a cruzar la puerta de casa, salir y enfrentarse al mundo a exterior, que es una de las fobias más comunes. Este es un terror asociado a la ansiedad. Se conoce como agorafobia, y se manifiesta mediante recurrentes ataques de pánico cuando el individuo que lo padece se ve expuesto a todo aquello que teme, es decir, al mundo exterior. Generalmente va acompañada del miedo a las multitudes, a los puentes o a estar solo en espacios exteriores. La raíz de todos estos miedos deriva de la inseguridad de no poder controlar una situación que tememos. Cuando salimos a la calle podemos controlar nuestro comportamiento, pero es imposible tener el control sobre todos los demás elementos que nos rodean, como el tráfico, el resto de los viandantes o los factores ambientales o climatológicos entre otras cosas. Todas estas situaciones pueden añadir un temor extra a quien ya de por sí padece un miedo patológico o un trastorno de ansiedad.

Publicado el 5 febrero, 2018 en Curiosidades y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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