Cuba: la celebración de Noche Vieja y Año Nuevo

Escrito por  Yaymara Villaverde Marcé

La víspera de año nuevo es una de las celebraciones más populares, y toma connotación especial por coincidir con el aniversario de su Revolución, su definitiva independencia…

Desde tiempos remotos las fiestas tradicionales de Fin de Año, también llamadas de Noche Vieja, son celebradas en todo el mundo, y según el área geográfica, varían las costumbres o modos de los festejos, pero siempre guardan un sentimiento de esperanza acerca de que el año entrante llegará con buenas recompensas.
Se trata de la última noche del año en el calendario gregoriano, comprendiendo desde el 31 de diciembre hasta el primero de enero, Día de Año Nuevo. Se dice que fue hace cuatro mil años aproximadamente cuando la cultura de los babilonios se convirtió en la primera civilización en celebrar este acontecimiento.

Por motivos de superstición o simplemente por costumbre, en la víspera del año que llega se realizan ritos que se han establecido en las culturas de los pueblos del orbe.

Son innumerables las tradiciones, estas pueden poseer una esencia laica o religiosa.

Muchas de las cábalas manifestadas en ese momento se repiten en una y otras naciones, como es el caso de brindar tras las 12 campanadas, abrazar a la persona amada, usar ropa interior amarilla o roja si se quiere felicidad y suerte en el amor, y llevar dinero en los zapatos, para atraer la prosperidad económica.

También existe la tradición de pasear por la urbanización con una maleta para augurar buenos viajes, y en algunos barrios se quema de manera simbólica al «Año Viejo», representado por un muñeco de trapo, con lo cual se pretenden borrar los malos recuerdos dejados atrás, y recibir venideros tiempos con alegría.

Otro rito muy arraigado en todas las culturas es el que evoca a la abundancia en cuanto a alimentos, por ello las variadas y exuberantes mesas de estas fiestas, motivando el deseo de un año sin carencias.

Cuba, la mayor Isla del Caribe, no queda exenta de estos jolgorios extendidos de hemisferio a hemisferio.

Aquí también la víspera de Año Nuevo es una de las celebraciones más populares, y toma connotación especial por coincidir con el aniversario de su Revolución, su definitiva independencia, que llegó en 1959 cual buena nueva tras años de luchas.

La efeméride evoca tiempo festivo y alegre en el cual las familias y amistades estrechan sus vínculos.

De naturaleza jacarandosos, carismáticos y hospitalarios, los hijos de esta tierra despiden el viejo período en el calor del hogar, deseándose un feliz año nuevo al son de la música, frente a una buena mesa repleta de platos, y en el centro el rico cerdo asado.

Muy presumido además, el cubano viste en estos convites sus mejores galas.

Al llegar las 12 de la noche, estallan en algunos sitios los fuegos artificiales y los niños corren a disfrutarlos. La gente suele salir a las calles para compartir brindis, abrazos y apretones de manos con los vecinos, y trasmitirse buenos deseos.

Para esos días se activan en todo el archipiélago las expresiones músico-danzarias más tradicionales.

En el extremo oriental de la Isla, en la provincia de Guantánamo, ubicada a casi un millar de kilómetros de La Habana, estas parrandas se muestran henchidas de folklore, influenciadas por el gran ajiaco étnico que moldeó a su gente, con fuertes raíces caribeñas y africanas.

Aquí se baila, además de la música de moda, al compás de autóctonos ritmos como el changüí, el nengón y el kiribá, ancestros del Son Cubano nacidos en el siglo XIX en las levantinas serranías, y devenidos cadencias por excelencia del campesinado del territorio.

En los banquetes de esta región no puede faltar el arroz congrí, viandas como la yuca y el ñame -muchas veces acompañadas con mojo- y el plato imprescindible de estas comilonas, el «macho asao», como se dice en buen oriental al cerdo tostado al fuego, por lo general en una púa que lo mece sobre la brasa.

También se suman a la mesa disímiles bebidas, ensaladas y dulces; algo como para no olvidar, y para respetar por aquellos con unas libritas de más.

Por estos días los ritos y costumbres populares se avivan, hasta los más pueriles; más cuando a estas fiestas de Noche Vieja le anteceden fechas pertenecientes al sincretismo religioso, tradicionalmente celebradas en la provincia con fervorosos toques de bembé.

Sucede «de todo como en botica» en cuanto a expresiones de fe o superstición. Tirar agua a la calle para alejar lo malo y augurar un año de felicidad y buena salud es una de las acciones más conocidas.

Hay quienes le piden a sus deidades y les encienden velas, otros ponen sus esperanzas en las predicciones del horóscopo y el zodíaco, cumpliendo al pie de la letra sus recomendaciones.

Igual a lo estilado en muchas partes del mundo, se espera la medianoche del 31 de diciembre al lado de los seres queridos, algunos acicalados con ropa de estreno y prendas interiores de color amarillo, para el amor y la suerte.

Pero, sin lugar a dudas, en cualquier parte de Cuba y en el mundo todas estas costumbres para despedir el año viejo y dar la bienvenida al nuevo tienen como denominador común atraer el bien para cada cual, y motivar la paz y armonía familiar, indispensable en toda sociedad.

Publicado el 26 diciembre, 2015 en Culturales. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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