“Así me maten, resucitaré en el pueblo”, Monseñor Romero, su vida, su lucha, su beatificación

Unos lo llaman el mártir de los pobres, otros lo llaman la voz de los sin voz, pero Monseñor Oscar Arnulfo Romero es más que eso, es uno de los mártires salvadoreños más conocido en el mundo por su vida, su legado y su lucha contra la opresión de los más desprotegidos que ahora comienza resonar a pocos días de su beatificación.

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Jacqueline Pineda

Oscar Arnulfo Romero, nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, San Miguel, fue el segundo de ocho hermanos, sus padres humildes y modestos le enseñaron, desde pequeño, el oficio de carpintería. A los 13 años tuvo la oportunidad de ver la ordenación sacerdotal de un joven de la comunidad, desde ese momento nace en su corazón la vocación sacerdotal; un año después entró al Seminario Menor de San Miguel y permaneció allí alrededor de siete años.

Siete meses después de haber entrado al Seminario Mayor San José de la Montaña en San Salvador, es enviado a Roma para seguir sus estudios de teología. En Roma vivió una de sus primeras experiencias de penuria y sufrimiento causados por la Segunda Guerra Mundial. El cuatro de abril de 1942 fue ordenado sacerdote en dicho país y un año después regresó a El Salvador lleno de fe y esperanza y con la firme convicción de ayudar al pueblo.

La primera parroquia donde fue enviado a trabajar, fue en Anamorós, La Unión, pero poco tiempo después fue enviado a su natal San Miguel donde realizó su labor durante 20 años. Fue el principal interesado en ayudar a los más necesitados, llevaba comida a los pobres, ayudaba a los alcohólicos y a los niños; su lucha para el bienestar de su pueblo era imparable.

Con el tiempo, fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y en 1970 recibe el nombramiento de Obispo Auxiliar de Monseñor Luis Chávez y González, cargo que lo obligó a mudarse a San Salvador cuando iniciaba la opresión de los campesinos. En el Seminario San José de la Montaña conoció al que desde ese momento sería su mejor amigo, el padre Rutilio Grande. En 1977, la Iglesia Católica en el Vaticano le concede el título de Arzobispo de San Salvador, uno de los logros más grandes para Monseñor Romero, pues desde ese puesto podía persuadir al gobierno en cese a la represión por la que atravesaba el país durante el conflicto armado.

Predicaba todos los domingos en Catedral y su principal preocupación fue construir una iglesia donde los pobres se sintieran como en su propia casa, desligada de los poderosos y sin privilegios. En su homilía del ocho de agosto de 1977 predicó: “Ahora la iglesia no se apoya en ningún poder, en ningún dinero. Hoy la iglesia es pobre. Hoy la iglesia sabe que los poderosos la rechazan, pero que la aman los que sienten a Dios en su corazón… Esta es iglesia que yo quiero. Una iglesia desligada de las cosas terrenas”. Por homilías como esta, comenzó a ser perseguido y obligado a retractarse de lo que decía. En ese mismo año fue nombrado Arzobispo de San Salvador.

El 12 de marzo de 1977, el padre Rutilio Grande fue asesinado por Escuadrones de la Muerte, Monseñor Romero, al saber eso, fue al templo donde reposaban los restos de su amigo y celebró la misa. Ese hecho lo motivó a anunciar que no asistiría a ninguna reunión gubernamental ni a ninguna junta con el presidente hasta que la muerte de su amigo se investigara.

Monseñor Romero, para protestar por el asesinato de Rutilo, canceló todas las misas en toda la arquidiócesis y celebró una sola en la catedral de San Salvador. Algunos Oficiales de la iglesia criticaron la decisión, pero más de 150 sacerdotes concelebraron la misa y más de cien mil personas acudieron a la catedral a escuchar el discurso donde pidió el fin de la violencia.

A monseñor Romero le tocó predicar en una época muy trágica en la historia de El Salvador, ya que reinaba la injusticia social y el irrespeto a los derechos humanos, el país pasaba por una etapa de persecución y muerte, pero Romero no tenía un mensaje propio, él predicaba la realidad que se vivía y rechazaba que se cometieran tales injusticias.

Apoyaba a las familias de los asesinados injustamente y en la época de la “corta” de café, los campesinos llegaban donde él para que les diera dónde dormir y de comer. En una de sus homilías exigió al gobierno que terminara con la represión, lo cual desató mucho alboroto en los que gobernaban el país en esa época.

El Domingo de Ramos de 1980, un día antes de su muerte, Romero hizo desde la Catedral un llamamiento al ejército salvadoreño, en su homilía titulada: La Iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendente y que más tarde se conoció como la homilía de fuego: “yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles…. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre debe prevalecer la ley de Dios…Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia… Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”, dijo Romero en lo que sería su últimas homilías.

La mañana del 24 de marzo de 1980, mientras celebraba una misa en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, fue asesinado por un francotirador acertándole, a Monseñor Romero, un solo disparo en el corazón, lo que le ocasionó la muerte. Mientras el asesino huía, alguien efectuó dos disparos más para asustar a la gente y poder huir sin problemas en un vehículo que lo esperaba en la puerta del hospital.

Hasta el momento, la muerte de Monseñor Romero está impune, pero su legado y su lucha a favor de los pobres se mantiene vivo en El Salvador. A pocos días de ser proclamado beato, san Romero de América, como muchos le llaman es recordado con más fervor por los salvadoreños y muchos consideran que es un mérito honrarlo y con su beatificación estará bendiciendo al país.

(Tomado de voces.org.sv)

Publicado el 21 mayo, 2015 en Religion y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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